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jueves, 19 de septiembre de 2019

Más colombiano que nunca

Por esta época, hace exactamente un año, recibía una de las noticias más importantes de mi vida: el presidente Iván Duque me había elegido para ser el director de Coldeportes. Fue una mezcla de sentimientos. Gratitud por la confianza, felicidad por llegar a tan honroso lugar y optimismo por hacer las cosas de la mejor manera. Lo celebré con la misma pasión que cuando logré la medalla de oro en los Juegos Nacionales de 2004.

Qué reto tan grande tenía por delante. Antes de posesionarme en el cargo y en una cena familiar, me prometí que una de las metas de mi administración sería enamorar a los deportistas de la entidad, que al fin y al cabo es su casa. En definitiva, los dirigentes estamos de paso. Y lo hice con la convicción de que el deporte es la mejor herramienta para transformar la sociedad.

 

De antemano, sabía que se vendrían muchos sacrificios. El tiempo con mis hijas, por ejemplo. Pero a grandes metas, mayores esfuerzos. Por eso desde el primer día en la oficina me propuse con mi equipo trabajar sin descanso por la Colombia profunda, allá donde escasean las oportunidades y los ejemplos a seguir son el dinero fácil, el poder armado y la delincuencia. Una tarea nada sencilla.

 

Por eso pusimos en práctica una frase que resume nuestro día a día: “Del escritorio al territorio”. Cada visita a las regiones ha sido una oportunidad valiosa para conocer en detalle sus realidades, sus imaginarios, sus preocupaciones, sus necesidades, su sentir. Y lo más importante, hemos logrado estrechar lazos y reducir brechas. Hemos construido país.

 

Ha sido un año lleno de aprendizajes, de momentos que me han marcado como persona, como dirigente, como padre de familia, como colombiano. Hemos visitado con el presidente de la República todo el país hablando de legalidad, emprendimiento y equidad, y en todas las regiones hemos evidenciado que el deporte, la recreación y la actividad física son los mejores alimentos para nuestros espíritus. Qué lindo país hemos encontrado en cada correría. Por supuesto, no todo ha sido color de rosa, también hemos sido testigos de tantos flagelos que agobian a nuestra sociedad, pero también han sido oportunidades de oro para entender de dónde proviene tanto talento y por qué la resiliencia es uno de los valores que mejor nos define.

 

He entendido que somos un país rico en talento, en el que a diario nacen atletas, futbolistas, beisbolistas, judocas, ciclistas, voleibolistas, nadadores, tenistas… ¡campeones! Estos meses me han ratificado que somos Colombia, tierra de atletas. Una raza que en medio de dificultades se levanta con la ilusión de ver triunfar a sus deportistas a lo largo y ancho de la geografía mundial. Son ellos nuestros mejores embajadores, es esa la referencia que hoy tiene el planeta de nuestra nación.

 

Y gracias a tantos triunfos el país ha entendido que no hay mejor forma de alcanzar metas que el trabajo en equipo. Lo materializamos con la creación del Ministerio del Deporte, una promesa de campaña del presidente Iván Duque que hoy es una realidad y que se logró de la mano con el Congreso de la República. Fue una votación histórica en la que no hubo diferencias de partidos políticos o de ideologías. Se logró la medalla de oro institucional.

 

Y si de logros se trata, se hace necesario destacar una iniciativa que se incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo: el artículo 190, denominado Becas por impuestos, que materializa el anhelo de impulsar la formación integral de los atletas a través de una relación indisoluble: educación y deporte. Es así como personas naturales y jurídicas podrán aportar para el estudio y manutención de atletas de talento y reserva y alto rendimiento, y su retribución será un descuento en su declaración de renta. Un gran avance, apenas de la magnitud de nuestro deporte.

 

Es tan grande el crecimiento del sector como nuestra responsabilidad de consolidarlo. No en vano, nuestras labores diarias están enmarcadas en el RETO, una palabra que lleva consigo cuatro virtudes que consideramos fundamentales: resiliencia, empatía, trabajo en equipo y optimismo. Es el sello que queremos consolidar durante nuestra administración.

 

Y como el deporte es un mar de desafíos, al frente tenemos uno muy importante: los Juegos Nacionales y Paranacionales Bolívar 2019, que este año tendrán un tinte especial, la conmemoración del Bicentenario. Nuestros esfuerzos como Gobierno están dispuestos para que sean los mejores de la historia. Serán los juegos de los deportistas y no de los contratistas.

 

En un año que aún no termina, el orgullo de compartir la misma bandera está más latente que nunca. Hoy el país recoge los frutos de un proceso de años. No es casualidad el título de Egan en el Tour de Francia; los de Cabal y Farah en Wimbledon y US Open; la consagración de María Camila Osorio en el US Open Junior; la enorme cosecha de medallas en Panamericanos y Parapanamericanos; el gran momento de Gio Urshela en las Grandes Ligas; los récords de Sofía Gómez; las consagraciones de Sara López o los títulos mundiales en bowling.

 

Tantas alegrías como retos por seguir alcanzando. En mi caso, por ejemplo, justo un año después de mi posesión como director, se me encomienda otro desafío: ser el primer Ministro de Deporte, algo que no lo analizo desde lo histórico para el sector sino como la oportunidad perfecta de seguir redoblando esfuerzos, apoyado en el trabajo en equipo para confirmar que Colombia es Tierra de Atletas.   Ernesto Lucena Barrero Ministro de Deporte

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